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TEMA: Cómo conocí a Eloise

Cómo conocí a Eloise 6 años 4 meses ago #38956

  • keve
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I.- EL NOMBRE


Era bonita… Condenadamente bonita. Se llamaba Eloise y aunque era exactamente igual que las demás, ella parecía ser diferente. Nunca sabía de sus nombres ni maldita falta que me hacía saberlo. Pero cuando Eloise apareció, tuve que averiguarlo.

Esperé pacientemente a que llegara la hora de mi turno de descanso –el único de la jornada-, improvisé una excusa para no salir a fumar con los compañeros y salí del hangar hacia las oficinas de los comerciales. A pesar de la advertencia del encargado, crucé por el vestíbulo principal vestido con el mono de trabajo, sucio y gastado, y me quedé mirando como un idiota a su futuro dueño cómo gesticulaba como un imbécil mientras el Jefe de Ventas de Origin Jumpworks le hacía la pelota, le reía las gracias y le estrechaba la mano. Finalmente advirtieron de mi presencia y me miraron fijamente.
-¿Hola? –preguntó el Jefe Kenneth visiblemente molesto. Aún no había cerrado el trato y se le notaba, el brillo de codicia de sus ojos era más que evidente.
-Hola –repitió el cliente con la intención de saber qué ocurría.

Tardé un par de incómodos segundos en salir de mi estado.
-¿Cómo se llama? –solté.
-Harper –respondió mientras extendía la mano.
-No… Usted no. Ella.
-¿Quién? –preguntó confundido.
-Ella. La nave.
-La… ¡Oh! No le he puesto nombre. ¿Cree que debería?
-Claro que sí, señor Harper… Si me permite el atrevimiento, el nombre es lo más importante para una nave como esta.

Harper me miró fijamente durante un momento, después al Jefe Kenneth. Estaba confundido, probablemente valorando si despedirme o directamente meterme en el reciclador de plasma.
-¡Pues claro que sí! Kenneth, debería habérmelo dicho cuando me vendió la nave –le dijo en tono jocoso. Pareció que el Jefe se relajó un poco.
-Es cierto. Nuestros ingenieros son muy detallistas y no dejan pasar una. Cuál es su departamento, joven? –me preguntó.
-¿Ingeniero? No –respondí con una amplia sonrisa-. Limpio el casco de las naves cuando salen de producción. También el hangar.

La risa de Harper me sorprendió. Me dio la mano y me habló con franqueza.
-Buenas máquinas salen de esta fábrica si el chico de la limpieza se preocupa de detalles como el nombre de una nave de combate. Kenneth, dé las gracias a este joven, porque vendré más veces a comprar naves como éstas para la flota de mi empresa. ¿Cómo te llamas tú, muchacho? –me preguntó mientras me echaba un brazo por el hombro.
-Keve –le dije ruborizado. Me había apuntado un tanto delante de uno de los jefazos de corbata de las oficinas y lo mismo conseguiría un aumento.
-Muy bien, Keve. ¿Qué nombre se le suele poner a una nave espacial de combate como ésta?
-De mujer, por supuesto.
-Claro… ¿Qué tal Rose?
-Me parecerá bien si a usted le resulta apropiado.
-No, Rose es muy común. Dos o tres pilotos de mis fábricas llaman Rose a sus naves.
-¿Qué tal el nombre de su madre? –pregunté ingenuamente.
-Mi madre... Se llamaba Eloise… Falleció hace ocho años… -dijo casi para sí-. Eloise. Sí, creo que la llamaré Eloise.
-Un nombre muy adecuado –mintió Kenneth mientras le daba una palmadita en la espalda-. Si quiere se la rotulamos en el casco.
-Sí, quedaría perfecto.
-Pues venga conmigo, que en nuestro departamento de publicidad le hacemos un rótulo con el nombre de… de…
-Eloise –le recordó.
-Eloise, eso. Joven, espere en mi despacho un momento que luego hablo con usted.
-Claro, señor –dije mientras los veía alejarse.

*************

II.- EL MUERTO



Todo lo que recuerdo de aquel día es tan confuso que cada vez que lo pienso me entra la risa floja y soy incapaz de terminar la historia, y como es tan rocambolesca nadie acaba de creérsela. Yo, el chico de la limpieza de un concesionario de naves espaciales de lujo para turistas ricos, acabé pilotando una Origin 300i modificada. Sólo la pintura del casco costaba el sueldo de tres meses de duro trabajo, limpiando aseos y máquinas cubiertas de grasa. No tenía ni la menor idea de cómo iba a mantener ese caro aparato. Mis ahorros ni si quiera me daban para las tasas de atraque de una estación espacial civilizada, y no tenía agallas para volar a los sectores más peligrosos, así que me encontraba en el espacio, flotando a la deriva sin saber dónde ir. Pero me estoy alejando de mi historia.

Me senté obedientemente en la silla del despacho del Jefe Kenneth, y como tardaba en volver me puse a toquetear sus cosas. Una fotografía familiar de papel encerrada en un marco metálico ocupaba un lugar privilegiado de la mesa. El papel era una extravagancia reservada a gente como él. Me quedé mirando a su mujer, una espantosa morena muy maquillada que sonreía mientras sujetaba a su rollizo hijo. Tenía pinta de ser la típica familia aburrida sin más sobresaltos que la barbacoa del domingo. Dejé la foto donde estaba y cogí el terminal de ordenador. Tenía la ficha de la nave y el contrato de compraventa. Afortunado cabrón, me dije mientras pulsaba la pantalla para mostrar el catálogo. Se llevaba una preciosidad de nave, la que tanto esmero había puesto en sacar brillo y ni si quiera iba a permitirme dar una vuelta por la órbita de Terra.

De repente, ocurrió todo.

Vi al Jefe Kenneth corriendo por el pasillo. Diez segundos después volvía corriendo con dos más. El Director Morris casi se cae al suelo mientras resoplaba tratando de seguirlos. Se escuchaban voces y me asomé. En el centro del vestíbulo, en el lugar donde hace un momento estábamos charlando tranquilamente, yacía Harper. Un comercial que no conocía le daba aire con una carpeta mientras la secretaria de tetas gordas que a todos los del hangar nos volvía locos le cogía la mano muy nerviosa. Media hora más tarde, cuatro personas de emergencias llegaban corriendo cargados de maletas. La doctora empezó a observarlo mientras el enfermero preparaba jeringuillas o cosas así, y los otros dos apartaban a los asustados empleados.
-¿Cuánto tiempo lleva inconsciente? –preguntó la doctora con energía.
-Una media hora, doctora –respondió Kenneth muy nervioso.
-Y cómo ha sucedido, dígame.
-Fue muy rápido. Empezó a ponerse blanco y a sudar. Le dijimos que se sentara y alguien le trajo un poco de agua. De repente se cayó al suelo y dejó de respirar.

El enfermero trataba de reanimarlo con la ayuda de un técnico mientras la doctora seleccionaba frascos de medicación. Se tiraron sus buenos veinte minutos.
-Dejadlo ya –ordenó la doctora-. No hay mucho que hacer.
-¿Cómo dice? –preguntó el asustado Director.
-Ha fallecido, señor. Y no vamos a poder llevarlo a tiempo para reconstrucción cerebral. Ha pasado demasiado tiempo y la nave criogénica más cercana está en New Austin.

Como si hubiera caído una losa, todos los que estaban alrededor se congelaron en una imagen fantasmal. Kenneth se llevó las manos a la cabeza, la secretaria salió corriendo a llorar y los demás empezaron a deambular sin rumbo. Sin embargo yo no sentía nada. Me lo tomé con mucha calma, volví al terminal del despacho y me puse a mirar el catálogo.

Seguí abstraído con la Origin 300i, una preciosidad de nave. Elegante, sofisticada. Carísima. Una joya que sólo podía aspirar a limpiar. Pulsé otro botón de la pantalla y miré la ficha técnica. El pobre Harper le había añadido un rayo tractor y un par de lanzaderas de misiles Talon Stalker. ¿Qué pretendía? Ir a pescar a Neptuno no, desde luego, pero eso nunca lo sabría. Volví a pulsar la pantalla.

Y allí estaba el contrato. Menuda barbaridad de créditos. Eché cuentas a ojo y calculé que debería trabajar unos noventa años para pagarla, sin contar con comer o pagar el alquiler. Ya estaba pagada, por supuesto y sólo faltaba tramitar la ID a las autoridades.

Tramitar la ID…


*************

III.- EL VIAJE


Como faltaba tramitar la ID, me tomé un par de libertades. Mientras los de la ambulancia recogían sus equipos y tapaban el cadáver de Harper, los empleados del concesionario de Origin se fueron a la sala de juntas a lamentarse por lo ocurrido. Nadie pareció recordar que yo existía, así que un pensamiento fugaz me cruzó la mente.

Rellené con mis datos personales la ficha técnica y envié la ID a mi nombre a las autoridades de la UEE. Antes de empezar a sudar, me devolvió una curiosa respuesta: la ID 445-JK-E39-ORIGIN-92551 a mi nombre había sido dada de alta satisfactoriamente en la base de datos de la Flota.

Cuando subí a la cabina de Eloise, una pantalla se acercó hacia mí con un brazo robotizado. Al principio me sobresalté, pero recordé que era el lector biométrico. Una lucecita apuntó a mi ojo derecho y una cámara óptica me enfocó. “ACCESO AUTORIZADO”, fue lo que mostró la pantalla. El hangar estaba vacío.

Un botón rojo hizo sonar un ruido ensordecedor que se hacía más agudo mientras los motores comenzaban a calentarse. Gracias al videojuego al que estaba enganchado en mis ratos libres había aprendido vagamente a pilotar naves espaciales, así que empecé a configurar el sistema como solía hacer antes de un combate simulado. Y la nave se elevó elegantemente bajo la atónita mirada del Jefe Kenneth.

¿Qué cojones había hecho? Acababa de robar una carísima nave, me había escapado de mi puesto de trabajo y ahora la fiscalía estaría recibiendo una denuncia. Menudo lío. Si algún día tenía alguna mínima posibilidad de convertirme en ciudadano, ahora sí que la había arruinado definitivamente. Mientras me lamentaba, la atmósfera de Terra se desvanecía lentamente hasta la negrura del espacio y allí, a la deriva bajo las brillantes estrellas me quedé esperando que alguien viniera a detenerme, o peor aún, a derribarme.

Hasta que un pitido me despertó de mi ensoñación. Procedía del radar y, por lo que recordaba del videojuego, los puntos azules eran naves de la UEE, seguramente de la fiscalía.
-Origin para Agente Supervisor de la Fiscalía –sonó una voz a través de la radio. No respondí.
-Origin no identificada, abra un canal, por favor.
-Hola –contesté temeroso.
-Origin, no tiene ningún rumbo. Manténgase así, vamos a proceder a escanearle.
-Ah… Claro.

Otro zumbido más agudo indicaba que Eloise sabía que estaba siendo escaneada. Eloise es una nave muy lista y avisa de cualquier novedad que pueda interesarle a su piloto así que presté atención.
-Origin, ¿sabe su ID? ¿Tiene algún problema? –preguntó el oficial de la Fiscalía con impaciencia.
-Eh… Sí. Disculpe… 445-JK-E39 –leí de la placa del salpicadero.
-Recibido. ID correcta. Gracias por su cooperación –dijo el oficial antes de cerrar el canal.
-Gracias…

No entendí nada. Se iban. Allí, en la pantalla del radar, los puntos azules se alejaban en formación de patrulla y no abrían fuego. ¿Qué estaba pasando? Sería que todavía no habían puesto la denuncia. Sí, probablemente fuera eso. Otro aviso me sobresaltó. El la pantalla auxiliar se podía leer: “Mensaje entrante”. Lo abrí.

De: Origin Jumpworks, concesionario oficial de Terra. Kenneth Brown, Jefe de ventas.
Para: 445-JK-E39-ORIGIN-92551
Asunto: [sin asunto]
Mensaje: Hijo de puta. Te creerás muy listo, pero lo acabarás pagando. No vuelvas por aquí en tu miserable vida.


Y así fue como me convertí en el piloto con más suerte de toda esta puñetera galaxia, aunque ahora estaba solo y no sabía a dónde ir.



...continuará.
Última Edición: 6 años 4 meses ago por keve.
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Cómo conocí a Eloise 6 años 3 meses ago #44757

  • Gordemberg
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Me he enganchado! Tienes que contar que pasa a continuación!

Un saludo!
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