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TEMA: Menchén XVIII

Menchén XVIII 5 años 7 meses ago #89777

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  • Existen dos tipos de persona: los que poseen naves Origin y los que no. Hay que evitar que se reproduzcan los primeros.
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Viendo que ya hay varios relatos por aquí, y teniendo yo ganas de hacer uno desde hace dos meses, me decido a escribirlo, sin saber si estoy a la altura de lo que pudieráis pensar.
Narrará, por capítulos, que escribiré conforme pueda, como me imagino a mi futuro personaje de SC, sus inquietudes, hazañas, etc. Todo ello de forma "roleada", hablando yo por él.


PRÓLOGO- EL DÉCIMO OCTAVO

Mis primeros recuerdos son borrosos, difusos, poco recuerdo de mi anterior vida, salvo que estaba en un orfanato, y nunca llegué a conocer a los que decidieron traerme al mundo para olvidarse de mí. Por extraño que te parezca, querido diario, me gusta eso, no tener que preocuparme por la familia, centrándome únicamente en mí, en mi avenger, y en las morenas que veo pasar con su traje espacial bien ajustado en cada estación en la que paro.

De siempre he tenido curiosidad por surcar el vacío; por las noches miraba al cielo, sabiendo que en algunos de esos puntos luminosos había más personas como yo, con sus vidas e inquietudes. Sabía que en otras, había seres igual o puede que más inteligentes que nosotros los humanos; algunos querían atacarnos, otros simplemente hacer negocios. Veía como adultos con sus naves volaban hacia el cielo, hasta que no era capaz de distinguir la forma de la nave, y se convertía en un punto más en el cielo nocturno.

A los 17 años decidí alistarme, pese a que estuvieron a punto de no dejarme entrar por mi edad, demostré en las primeras misiones que realicé como recluta, que era bastante bueno en casi todo lo que me ordenaban. Cuando otros necesitaron años y años de entrenamiento tanto en pilotaje como en armas de fuego, yo en apenas dos meses acabé al mismo nivel que veteranos que llevaban incluso una o dos décadas en el ejército. Me asignaron al escuadrón 42, estuve varios años realizando misiones allí, moviéndonos de un sistema a otro, enfrentándonos a los Vanduul, entre otras cosas que sólo un militar, como yo por aquel entonces, comprendería.

Sin embargo; el protocolo no era lo mío. Si bien cumplía todo lo que el alto mando me encargaba, y lo hacía bastante bien, era consciente de que la forma en que lo hacía, suponía un peligro para mí, y el resto del escuadrón: mis "técnicas". Recuerdo cuando estrellé una nave llena de explosivos contra una corbeta Vanduul, eyecté en el último momento y me colé yo solo por una de las vías de atraque, armado con un rifle. Que no se me juzgue, me encargaron unirme a la patrulla theta a acabar con esa nave, y así hice, pero no lo hice como "ellos se imaginaban".

Fui expulsado de manera preventiva, dijeron que con honor, por haber servido bien; pero tenían que hacerlo al fin y al cabo, "no fue una decisión fácil", dijeron, "y una mierda", pensé. No quería volver a mi vida anterior, agradeciendo trabajos pésimos y mal pagados; afortunadamente tenía toda la experiencia de todos los años que pasé en la UEE. Al menos, obtuve la ciudadanía.

Cosas del destino, a los dos meses de empezar a servir como limpiador de cubierta (maldito sea el sistema de empleo, un currículo lleno de heroicas hazañas militares, y me ponen a fregar), me llegó un mail a mi mobiglass. Cambió mi vida por completo, y era sobre quien menos me imaginaba que fuera.

Era de una empresa funeraria, mi padre había muerto, alguien que nunca estuvo conmigo en ningún momento de los 22 años que llevaba en este verso, se fue de este mundo (o de este universo). Para mí fue como quien oye que un desconocido la ha palmado, me hubiera dado absolutamente igual. Salvo por una cosa.

Al no haber escrito él su testamento, ni haber asignado ningún responsable ante su muerte, y ni siquiera tener conocidos o amigos, casi todas sus pertenencias fueron asignadas por la empresa de seguros, al único descendiente que se conoce que tuvo, yo.

No podía creer lo que leía. Entre otras cosas, podía reclamar un subfusil automático, una importantísima suma de dinero, y lo que me hizo caer de rodillas al suelo. Una Avenger, casi nueva. El nombre no aparecía, solo el apellido: "Menchén XVII". Con lo que, sin quererlo, acabé heredando también el legado de su familia, del que apenas conocía nada. Técnicamente, yo debería ser el décimo-octavo.

Y dos años después, aquí estoy, escribiendo esto en un diario recién comprado (casi no recuerdo el tacto del papel, hace mucho que no lo veía ni tocaba) en la cabina de mi nave, la cual está apagada, y dirigiéndose en modo inercial hacia la frontera Banu, a por mi siguiente presa.

Ahora solo tengo dos cosas claras:

Que ser cazarrecompensas es lo mío.
Que en el espacio siempre es de noche, y por muy rápido que vayas nunca alcanzarás esos puntos brillantes.

(continuará)
Última Edición: 5 años 7 meses ago por MenchenFive.
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