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Las Lágrimas de Casandra

Capítulo 1

Portanaves UEES Gemini

ZO: Sistema Centauri


Cuatro semanas… cuatro largas semanas desde que Cal Mason rescatara al diplomático Xi’An secuestrado y justo ahora estaba recibiendo el visto bueno por parte de los médicos. Tenía ese hormigueo, ese hormigueo que le producía el estar demasiado tiempo en tierra. Los pilotos siempre lo acababan teniendo. Era casi como si no se fiaran de sus propios miembros para ir a ningún sitio, sino que necesitaran moverse a través del universo con alas y propulsores en lugar de brazos y piernas.

Las costillas de Cal todavía le dolían por ese disparo que había encajado en Vega, pero a él no le importaba. Tenía que salir de allí. Cal recorrió todo el camino de vuelta a sus habitaciones frotándose el costado. El último turno de patrullas acababa de aterrizar. Los pilotos pasaron por su lado mientras se dirigían a la sala de informes.

-Hey, Mason. ¿Finalmente te han dejado salir?

Cal se dio la vuelta. Penny parecía cansada pero tan alegre como siempre. Si existía algo en éste universo capaz de estropearle el estado de ánimo, Cal no lo había visto.

-No oficialmente. ¿Cómo va la cosa ahí fuera, nena?

-Peligro a cada paso. Ya sabes cómo es -le respondió con un guiño. -¿Todavía no has pasado a ver al Abuelito?

-Ahora mismo me dirigía hacia allí.

Penny apresuró el paso para alcanzar al resto de pilotos de su escuadrilla. Se aflojó su cinta para el pelo para dejar suelta su cabellera rojo fuego y volvió a girarse hacia Cal.

-Oh, Cal, -dijo caminando hacia atrás-, deja de llamarme nena.


* * * * *

El almirante Showalter no estaba de buen humor. Como Penny, si existía algo en éste universo que pudiera poner de buen humor a Showalter, Cal no lo había visto. El almirante, apodado Abuelito por aquellos con ganas de morir, había sido soldado toda su vida. Superviviente de múltiples campañas terrestres, centenares de misiones, y muy probablemente docenas de operaciones secretas, tenía su carrera grabada en los rasgos de su cara. Sus estrechos ojos lo veían todo pero no dejaban entrever nada.

-No deberías estar fuera de la enfermería, -refunfuñó mientras leía en su pantalla el informe del doctor. -En cualquier caso, no vas a acercarte a una nave hasta que hayas pasado tu revisión. El Mando Occidental se me ha echado encima por culpa de esa acrobacia que realizaste.

-Lo siento, señor. -Cal apenas pudo disimular una sonrisa. Perseguir a toda velocidad una nave contrabandista a través de la bulliciosa ciudad de Titus en hora punta era inevitable que soliviantara algunos ánimos. Sin embargo, había sido toda una persecución.

-No me digas que lo sientes, chico. Lo que hiciste estuvo bien. No voy a permitir que te utilicen como chivo expiatorio para ganar favores políticos.

-Se lo agradezco, pero no quiero que se deje escaldar por mi culpa.

-Cállese, Mason. ¿Se piensa que he llegado donde estoy sin haber sido capaz de esquivar algunas dificultades políticas? -Esa era la razón por la que todos los hombres de Showalter estarían dispuestos a recibir una bala por él. Showalter apagó su pantalla y fijó su mirada en Mason. -Aún así no voy a devolverte al servicio activo.

-Suplicaré.

-Y yo golpearé a un hombre herido. Ahora fuera de aquí.

Cal decidió no poner a prueba su paciencia. A pesar de todo, pronto volvería a estar de vuelta en el cielo. Sólo tenía que averiguar cómo. Resulta que no tendría que esperar mucho.

Una llamada de socorro se activó en el instante en que un grupo de incursión vanduul había entrado en el sistema. Las rejillas del suelo vibraron bajo los pies de los pilotos corriendo hacia sus naves. Se encendieron motores. Las gigantescas compuertas del hangar del portanaves se abrieron.

Penny se ató las correas del asiento mientras sus navicomps se iniciaban. Miró al otro lado del hangar. Allí estaba Cal, pasando por delante de su nave. Le sonrió y saludó.

-Loco hijo de…

El almirante Showalter estaba en el puente cuando Mason despegó. Lo supo de forma instantánea, reconocería en cualquier lugar esa pequeña pirueta al despegar. Pulsó el botón de comunicaciones.

-¡Maldita sea, Mason! ¡Trae de regreso ese pájaro a cubierta!. ¡Sólo te lo voy a decir una vez!

-Lo siento, señor, Navegación ya está fijada. Intentaré… -Cal silenció el canal. Se acomodó en su asiento. En su interior sentía aumentar la adrenalina por la tormenta inminente. Para él esto era el hogar. Lo supo desde el primer momento en que había ocupado el asiento y todas las demás veces desde entonces.

La estela del caza de Penny ardía a su lado. Ella lo estuvo mirando durante unos segundos. -¿Qué demonios estás haciendo?

-Echar una mano.

-El almirante me ha ordenardo que te derribe del cielo.

-Seré bueno. Lo prometo. -Penny se quedó mirándolo por un momento. Por último sacudió la cabeza.

-Está bien. Cubre nuestras seis y no hagas nada estúpido.

-Venga, Penny, ya me conoces.

-Precisamente.

Cal entró en formación. La escuadrilla estaba formada por dieciséis naves: diez Cestus, tres Zippers y dos Anvils. Deberían bastar para manejar cualquier cosa que los vanduul estuvieran preparando.

En el puente del Gemini, Showalter contempló en la mapasfera cómo los puntos luminosos representando el grupo de incursión cruzaban el interior del sistema y desaparecían en la atmósfera del planeta Yar. Eso llamó su atención.

¿Por qué allí?, pensó. En el sistema había planetas mucho más densamente poblados. En el pasado los vanduul no habían tenido miedo de la presencia de la Flota. Si estaban aquí para realizar un ataque relámpago, ¿por qué efectuarlo contra un planeta desolado en la frontera con sólo un puñado de asentamientos y bases de investigación?

-Almirante. Nuevo contacto. Rumbo ocho-siete-cero. Whitacre, su analista de señales, marcó una nueva señal de radar en la mapasfera. Showalter la miró y se dio cuenta al instante.

Era una nave insignia vanduul. Con rumbo de interceptación.

-Bien, bien, supongo que alguien viene para jugar. -Dio orden de que el Gemini se preparara para el combate.


CONTINUARA. . .

Traducción: Vendaval