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Susurrador en la Oscuridad

La gente complica las cosas. Eso es lo que hacen siempre. Echa un vistazo a cualquier civilización funcionando y verás caos, confusión y frustración. Da igual que sea humana, Xi’An, banu, vanduul, la que sea. Podemos tener un aspecto diferente, tener cuerpos diferentes, pero redúcenos a lo esencial y encontrarás siempre las mismas inseguridades, miedos y preocupaciones.

Tonya Oriel contempló el bostezante abismo al otro lado de la ventana. El Adagio en 4 de Kaceli sonaba delicadamente por el interior de la nave por lo demás vacía. Los sensores escaneaban repetidamente todo el espectro en busca de cualquier indicio de una anomalía.

El vacío. Era puro. Era simple. Era permanente.

Una calma serena se enroscó alrededor de los hombros de Tonya como una manta, el tipo de calma que sólo existe cuando tú eres la única persona en miles de kilómetros a la redonda. Que todos los demás se quedaran con Terra, la Tierra, o Baachus, con sus megaciudades atestadas de gente. Nunca un momento en el que no hubiera una persona encima, al lado, o debajo de ti. Todo era ruido. Tonya necesitaba el silencio.

Su nave, la Beacon, flotaba a través de ese silencio. Tonya había personalizado prácticamente cada soporte y cápsula con algún tipo de escáner, sistema de comunicaciones de espacio profundo, o equipo de astrografía que le permitiera alejarse cada vez más del ruido.

El problema era que el ruido no dejaba de seguirla.


*  *  *

Tras tres semanas a la deriva, Tonya no podía posponerlo más. Ya era hora de reaprovisionarse y vender los datos y minerales que había acumulado. Esperaba que tras las reparaciones, la compra de purificadores nuevos, y la actualización del Almanaque de Sistemas, le quedara suficiente para algo de comida.

El Nodo Comercial del sistema Barker había sido lo más parecido a un hogar que había tenido en los últimos años. Tonya inició su aproximación a través de los cambiantes patrones de entrada y salida de las naves. La Orbital estaba más concurrida de lo normal. Tan pronto como la Beacon hubo atracado, su pantalla zumbó con un puñado de mensajes nuevos esperándola en el relé de comunicaciones. Los descargó a su agenda MobiGlas y fue a la esclusa.

Tonya se detuvo en la entrada y saboreó ese último momento de soledad, luego apretó el botón. El sonido de gente barrió el interior como una ola. Le llevó un segundo aclimatarse, se ajustó su bolsa y se adentró en la multitud.

Carl dirigía una pequeña red de información desde su bar, el Torchlight Express. Un viejo astrógrafo de una, hace tiempo difunta, empresa de terraformación, Carl aceptaba minerales valiosos a cambio de bebidas alcohólicas e información. Tonya lo conocía desde hacía años. Como persona, Carl era una gema.

El Express estaba desierto. Tonya comprobó la hora local. Era de noche, por lo que no había ninguna razón por la que tuviera que estar así. En una esquina había un grupo de prospectores sentado a una mesa del rincón y conversando en voz baja. Carl estaba apoyado en la barra viendo un partido en la pared-pantalla. Sus dedos acartonados seguían el ritmo de alguna canción que pasaba por su cabeza. Cuando vio a Tonya se animó.

-Bueno, bueno, bueno. ¿A qué debemos este honor, doctora? –dijo con una sonrisa.

-No empieces, Carl.

-Por supuesto. Usted perdone, doctora –debía estar aburrido; sólo la llamaba así cuando buscaba una pelea. Tonya dejó su bolsa en el suelo y se sentó en un taburete.

-¿Algo interesante? –preguntó Tonya mientras se recogía el pelo en una coleta.

-Estoy estupendamente, Tonya, gracias por preguntar. El negocio está un poco flojo, pero ya sabes cómo es –contestó Carl con sarcasmo mientras le pasaba una bebida.

-Venga, Carl. No voy a hacerte perder el tiempo con charloteo.

Carl dejó escapar un suspiro y miró a su alrededor.

-Llegados a este punto, estoy dispuesto a perder el tiempo con cualquiera mientras sea un cliente –dijo mientras se servía una bebida del dispensador. Tonya le mostró la pantalla de su MobiGlas y le enseñó su manifiesto. Se lo quedó mirando.

-Esta vez vas bastante ligera, ¿no es así?

-Lo sé. ¿Sabes de algún comprador?

-¿Cuánto esperas conseguir?

-¿Quince? –dijo Tonya mientras bebía. Sabía que estaba pidiendo un precio alto y, por la expresión en el rostro de Carl, él pensaba lo mismo-. Necesito el dinero.

-Podría conseguirte diez -dijo él tras una larga pausa.

-Por diez te daría hasta mi hijo por nacer.

-Con todos los hijos por nacer que me debes, será mejor que empieces –le replicó. Tonya le golpeó el brazo.

Uno de los prospectores se acercó a la barra con vasos vacios en las manos. Era joven, uno de esos tipos que cuidaban el aspecto de granuja atractivo. Probablemente se pasaba una hora ante el espejo perfeccionándolo antes de salir a la calle.

-Otra ronda –el prospector se quedó mirando a Tonya mientras Carl servía las bebidas, dando a su aspecto una oportunidad de hacer su magia. No tuvo ningún efecto. Carl había terminado de servir la nueva ronda de bebidas. El prospector pagó y se fue levemente desanimado.

-Creo que le gustas a alguien –se mofó Carl.

-No es mi tipo.

-¿Porque está vivo?

-Exacto –respondió Tonya mientras vigilaba a los prospectores. Estaban sumidos en una conversación descaradamente secreta.

-¿Alguna idea de para qué están aquí?

-Por supuesto que la tengo.

-¿Sí? ¿Qué han dicho?

-Nada… por lo menos a mí –Carl sacó un auricular y se lo ofreció. Tonya lo limpió y se lo acercó al oído. De repente podía oír alto y claro su conversación. Tonya se quedó mirando a Carl, asombrada.

-¿¡Tienes micros en tus mesas!? -susurró. Carl le hizo una seña de que bajara la voz.

-Negocio con información, cariño, así que, sí -dijo Carl, casi ofendido ante la idea de no escuchar a sus clientes.

Tonya tomó otro trago y siguió escuchando a los prospectores. Sólo le llevó un momento pillar la conversación. Aparentemente, Cort, el prospector que había intentado seducir a Tonya con su recio atractivo, había recibido un soplo de su tío en la Armada de la UEE. Su tío había estado dirigiendo simulacros de operaciones de búsqueda y rescate en el sistema Hades cuando sus escáneres detectaron accidentalmente un yacimiento de kherio en Hades II. Siendo militares, evidentemente, no podían hacer nada al respecto, pero Cort y sus colegas estaban planeando colarse allí y quedárselo.

El kherio era una mercancía valiosa. Uno de los principales minerales que los Xi’An utilizaban para blindar sus naves espaciales, era extraordinariamente raro en territorio de la UEE. De estar en lo cierto, estaban hablando de una pequeña fortuna. Sin duda suficiente dinero como para arreglar la Beacon, quizás incluso hasta para instalar algunas mejoras.

Aún mejor, resultaba obvio que no sabían cómo encontrar el yacimiento. El kherio no aparece en un escáner de metales o radiación estándar. Se necesita a un especialista para encontrarlo, y no digamos ya extraerlo sin echarlo a perder. Afortunadamente para Tonya, ella sabía hacer ambas cosas.

-Tienes esa mirada –dijo Carl mientras volvía a llenarle el vaso-. ¿Buenas noticias?

-Eso espero, Carl, para los dos.


*  *  *

Carl descargó su cargamento a una tarifa reducida para que ella pudiera partir lo más rápidamente posible. La última vez que los había visto, los prospectores seguían en el Express, pero por el ruido que hacían, se irían en cuestión de horas, quizás un día.

Tonya desacopló la Beacon del atracadero y regresó a su amada soledad. Los motores murmuraron mientras la impulsaban hacia lo profundo del espacio, hacia lo que podía ser su salvación.

El sistema Hades era una tumba, el monumento final a una antigua guerra civil que devastó un sistema entero y la raza que lo habitaba. Tonya lo tenía en su lista de lugares a estudiar, pero Hades era invadido cada año por nuevas remesas de jóvenes científicos explorándolo para su disertación, o por cazadores de tesoros buscando el arma que partió por la mitad Hades IV. De forma que el sistema había acabado convirtiéndose en más ruido que evitar.

Tonya tenía que admitir que pasar por Hades IV siempre resultaba emocionante. No todos los días se pueden ver las entrañas de un planeta destruido cuando estaba en todo su esplendor.

Luego estaban los sempiternos rumores acerca de que el sistema estaba embrujado. Siempre había algún piloto que conocía a un tipo que conocía a alguien que había visto algo mientras pasaba por el sistema. Las historias iban desde averías técnicas inexplicables a avistamientos de cruceros fantasma. Todo eran disparates.

Había un flujo disperso de naves pasando por Hades. La ruta general de vuelo se mantenía alejada de los planetas centrales. Tonya aminoró la velocidad de su nave hasta que hubo un hueco considerable en el flujo de tráfico antes de virar hacia Hades II.

Pasó de largo una barrera de satélites muertos y descendió a la agitada atmósfera de Hades II. La Beacon empezó a sacudirse cuando penetró en las nubes. La visibilidad se volvió nula y de repente la nave se vio sumergida en ruido; el aire aullando y la presión. Tonya mantuvo un ojo puesto sobre sus visores mientras aumentaba el alcance de sus alertas de proximidad para asegurarse de que no acabaría embistiendo una montaña.

De repente, las nubes se abrieron. La Beacon fue descendiendo en la baja gravedad sobrevolando un océano negro azabache. Tonya recalibró rápidamente sus propulsores para el vuelo atmosférico y dio una larga mirada al planeta que la rodeaba.

Como ya esperaba, era un cascarón. Por todo alrededor había señales de una civilización inteligente, pero todas ellas estaban desmoronándose, calcinadas o destruidas. Sobrevoló inmensas ciudades curvadas construidas sobre amplios arcos edificados para impedir que los edificios llegaran a tocar, en ningún momento, la superficie del planeta.

Tonya mantuvo una altitud de crucero. El rugido de sus motores producía ecos a través del vasto paisaje vacío. El sol era otra víctima del asesinato de este sistema. Los sistemas nubosos nunca disminuían, de forma que la superficie nunca llegaba a ver la luz del sol. Siempre estaba bañada en una oscura bruma verde grisácea.

Tonya estudió la topografía para trazar un curso y calibró los escáneres para que buscaran la señal concreta de kherio que ella había programado. Activó el piloto automático y se limitó a mirar por la ventana.

Ahora que estaba aquí, se daba patadas a sí misma por no haber venido antes. No importaba que este fuera uno de los lugares más escrutados científicamente en toda la UEE. Viendo la inmensidad de la devastación con sus propios ojos, Tonya sintió el tirón que un buen misterio ejerce sobre el intelecto. ¿Quiénes eran? ¿Cómo lograron aniquilarse a sí mismos con tanta eficiencia? ¿Cómo sabemos que fueron ellos los causantes de su aniquilación?

Pasaron unas cuantas horas sin que hubiera suerte. Tonya tomó un bocado rápido y practicó su rutina de ejercicios. Comprobó dos veces la configuración de sus escáneres atenta a cualquier posible error en la entrada inicial de datos. Un par de meses atrás, estaba inspeccionando un planeta y no logró encontrar nada, sólo para descubrir mientras volvía que había cometido un error en la configuración que había arruinado el escaneo entero. Todavía se sentía molesta: había sido un error de principiante.

Había traído consigo algunos textos sobre Hades. A mitad de un artículo sobre la exobiología de los hadesianos, su pantalla emitió un pitido. Tonya prácticamente se abalanzó sobre el monitor.

El visor mostraba una breve indicación de kherio. Comprobó tres veces la configuración antes de empezar a albergar esperanzas. Todo parecía correcto. Miró el paisaje que se extendía ante ella. Una pequeña ciudad parecía esperarla, encaramada encima de un mar interminable de árboles muertos. Parecía como si la hubiera impactado un láser orbital o algo parecido, excavando cráteres inmensamente profundo en los edificios y en el suelo.

Tonya echo un vistazo más de cerca. Los cráteres se hundían unos doscientos metros en el suelo, revelando redes de túneles. Parecían formar parte de algún tipo de sistema de transporte subterráneo.

Tonya buscó un lugar adecuado para aterrizar con cobertura suficiente para que no pudieran verla desde el aire. Si seguía todavía por aquí cuando los prospectores llegaran, que vieran su nave resultaría un claro indicio de su presencia y las cosas podrían complicarse.

Se puso su traje de protección ambiental y un respirador. Podía comprobar los escáneres de la nave a través de su MobiGlas, pero incluyó otro escáner/mapeador de mano en su equipo de minería sólo por si acaso. Por último, activó su contenedor anti-G, esperando que los amortiguadores anti-gravedad bastaran para cargar el kherio de vuelta.

Tonya salió a la superficie. El viento azotaba a su alrededor levantando furiosamente olas de polvo. Fue empujando el contenedor delante suyo al internarse en el bosque arruinado. Ramas retorcidas se clavaban en su traje a medida que avanzaba. La ciudad se cernía sobre su cabeza, siluetas negras recortadas contra las nubes de un gris verdoso.

La curiosidad pudo más que ella, de forma que Tonya decidió subir una rampa que llevaba a las calles de la ciudad. Se dijo a sí misma que el desvío sería un camino más fácil para la batería del contenedor. Las calles lisas resultaban más fáciles de analizar que el terreno abrupto para los compensadores anti-gravedad.

Tonya caminaba por las calles desiertas sumida en el asombro. Se fijó en la extraña curvatura de la arquitectura; cada edificio mostraba una comprensión completamente alienígena pero aún así brillante del reparto del peso y la presión. El lugar entero parecía a la vez natural y extraño, intelectualmente fascinante y emocionalmente agotador.

La señal del kherio seguía siendo débil, pero estaba ahí. Tonya maniobró el contenedor alrededor de vehículos en forma de lágrima destruidos. Los agujeros en los edificios y calles la llevaron a sospechar que aquí tuvo lugar una batalla, hace muchos cientos, o miles, de años.

El cráter más cercano al kherio era un agujero perfecto abierto en mitad de la ciudad que se hundía en el suelo. Tonya se asomó al borde buscando la forma más fácil de bajar. El contenedor podía descender flotando, pero ella tendría que escalar.

En cuestión de minutos aseguró una cuerda con amarres para ella y el contenedor. Pasó por encima del borde y descendió lentamente haciendo rápel por la pared vertical. El dichoso contenedor estaba complicando lo que debería haber sido un descenso sencillo. Los amortiguadores anti-gravedad hacían que cualquier tipo de presión lo lanzara a la deriva, por lo que Tonya tenía que mantenerlo sujeto con una mano en todo momento. Para empeorar las cosas, el viento empezó a arreciar, lanzando por el aire piedras pequeñas, ramas y escombros.

Un grito agudo rasgó el aire. Tonya se quedó congelada. Volvió a oírlo y buscó la fuente. Los gritos eran sólo soportes expuestos doblándose con el aire.

De repente se dio cuenta de que el contenedor se había deslizado fuera de su alcance. Se iba alejando lentamente por encima del cráter, los remolinos de viento lo sacudían como si fuera un juguete. Tonya se esforzó por atraparlo, pero el contenedor flotaba justo fuera de su alcance. Pateó la pared para darse impulso y se arrojó por el agitado aire. Apenas pudo aferrar el contenedor con la punta de los dedos antes de chocar de regreso contra la pared del cráter.

Su visión se volvió borrosa y no pudo respirar por culpa del impacto. El HUD se volvió loco. Por fin logró recuperar el aliento. Descansó un par de segundos antes de proseguir el descenso.

El escáner de la Beacon no había podido aislar la señal con más claridad para determinar la profundidad, por lo que tenía que confiar en su escáner de mano. Parecía como si el kherio estuviera situado entre dos túneles.

Tonya aseguró el contenedor, trepó al túnel superior y se desabrochó las cuerdas. Comprobó la integridad de su traje tras la tormenta de escombros. El ordenador se veía un poco borroso, pero le dio el visto bueno. Encendió una linterna y activó los micros externos de su traje. El túnel era un pasadizo perfectamente excavado que iba bajando hacia la oscuridad. ¿Un conducto de transporte? Tonya no podía ver ningún tipo de sistema de raíles o de potencia que pudiera confirmar su teoría. Empezó a caminar.

Pasaron horas en la oscuridad. Sintiéndose un poco mareada, Tonya se detuvo para descansar unos cuantos minutos. Tomó un sorbo de la reserva de agua y volvió a comprobar su escáner. Todavía estaba por encima del kherio y las lecturas seguían indicando que estaba en frente de ella. Eso no había cambiado…

Oyó algo. Muy débil. Accedió a los ajustes de audio y subió la ganancia en los micros externos. Un mar de ruido blanco llenó sus oídos. No se movió hasta que lo oyó de nuevo. Algo estaba siendo arrastrado, y luego deteniéndose.

Ventanas de infrarrojos y visión nocturna aparecieron en las esquinas de su HUD, pero ella seguía sin ver nada. En los confines más lejanos de estos túneles, no había manera de determinar cuán lejos había viajado ese sonido. Aún así, se acercó al contenedor y sacó la escopeta. Se aseguró de que estuviera cargada, incluso intentó recordar la última vez que había tenido motivo para utilizarla.

Tonya empezó a moverse con un poco más de cautela. Dudaba que se tratara de los prospectores. Por todo lo que sabía, podría haber algún otro pirata o contrabandista aquí abajo. En cualquier caso, ella no pensaba correr ningún riesgo.

El túnel empezó a ensancharse antes de dar paso a una vasta oscuridad. La visión nocturna de Tonya ni siquiera era capaz de ver dónde terminaba. Rebuscó entre sus suministros y sacó unas cuantas bengalas viejas. Encendió una.

Era una ciudad. El reflejo de una ciudad, para ser precisos. Mientras la que estaba en la superficie subía hasta el cielo, esta había sido excavada dentro del planeta. En las paredes había estructuras construídas a varios niveles y conectadas por pasarelas. Nunca había oído hablar de algo así antes. Todo el mundo especulaba que había sido una guerra civil lo que había destruido el sistema. ¿Podía ser esto una ciudad del otro bando?

Llegó a una intersección y encontró la primera señal de que el conflicto se había extendido hasta aquí. Una barricada de vehículos fundidos bloqueaba uno de los túneles. Las paredes habían quedado chamuscadas por explosiones o descargas láser. Incluso había la sombra de una silueta grabada a fuego contra una pared. Tonya se quedó de pie frente a ella.

El hadesiano medía probablemente entre dos y dos metros y medio de altura. Parecía haber tenido un cuerpo redondeado y voluminoso provisto de múltiples apéndices delgados. Una mancha en la pared de mil años de antigüedad no daba para mucho, pero parecía como si hubiera tenido de cuatro a seis piernas y dos largos brazos. Incluso como una mera silueta, parecía aterrizado.

En un muro cercano se había edificado una estructura cavernosa. Tonya se aproximó para examinar la artesanía. Era ciertamente más ornamentada que la mayoría de los otros edificios de esta sección. No había puertas aquí abajo, sólo estrechos portales ovalados. Había algún tipo de tecnología integrada en los laterales.

Tonya decidió echar una ojeada. Se trataba de un recinto en forma de cuenco con hileras de nichos excavados en los laterales. Todos ellos trazaban un ángulo hacia el mismo punto: un cilindro parecido al mármol situado en el fondo del cuenco. Tonya descendió hacia él. Había un pequeño objeto descansando encima del cilindro. Lo mantuvo iluminado y con la escopeta apuntándolo. Estaba hecho de una piedra similar al mármol parecida a la del cilindro. Tonya miró alrededor. ¿Era esto algún tipo de iglesia? Se inclinó para poder ver mejor el objeto, con cuidado de no alterar nada. Era una pequeña talla. No tenía la forma de un hadesiano, al menos ninguno con el que estuviera familiarizada. Consideró si debería llevárselo. De repente la cabeza empezó a darle vueltas. Trastabilló y tuvo que apoyarse en un nicho para mantener el equilibrio. Tras un par de segundos, el malestar desapareció. Empezó a notar en el brazo un leve dolor punzante. Se estiró, tratando de aliviar el dolor. Dio una última mirada a la pequeña talla.

Tonya salió del ornamentado edificio y sacó su escáner. El kherio estaba cerca. Siguió las indicaciones del escáner por los oscuros y retorcidos túneles. Sus ojos permanecieron fijos en el creciente resplandor de la pantalla. Tropezó con algo. El escáner cayó ruidosamente al suelo. Sonaron ecos durante un minuto.

Tonya meneó ligeramente la cabeza. Este lugar… Enfocó sus luces directamente contra el rostro de un cadáver podrido, su boca abierta en un grito silencioso.

-¡Demonios! –gritó Tonya mientras se apartaba de él. Miró a su alrededor. Había otra forma en el suelo a unos veinte pies de distancia. Entre ellos yacía una caja fuerte. El temor inicial fue remitiendo.

Tonya se levantó, recogió su escáner y caminó hacia el primer cuerpo. Le habían abierto el cráneo, aunque no había ningún arma a la vista. Ningún garrote o palanca cerca. Eso era extraño. El otro era evidente que se había pegado un tiro. El arma todavía estaba en su mano. Eran definitivamente humanos, y basándose en sus ropas, probablemente eran exploradores o piratas. No sabía qué tipo de elementos había en el aire de este lugar, por lo que no podía dar una estimación precisa de cuánto tiempo llevaban muertos, aunque sospechaba que meses.

Caminó hasta la caja fuerte y la abrió de una patada. Kherio. Ya extraído y cuidadosamente envuelto. Pudo sentir un dulce alivio a pesar del agotamiento.

-Gracias, chicos –dijo Tonya haciendo un breve saludo-. Siento que no podáis estar aquí para compartirlo.

Algo pasó revoloteando por su ventana de infrarrojos.

Tonya cogió su escopeta y apuntó. Había desaparecido. Su respiración se fue acelerando a medida que aguardaba. Su dedo estaba rígido sobre el gatillo. Volvió a subir la ganancia de los micros externos y recorrió con la mirada todo el pasillo, diciéndose a sí misma todo el tiempo que debía conservar la calma.

Cada movimiento de su traje era amplificado cien veces en sus oídos. Paseó la escopeta por todo el túnel, buscando lo que fuera que estaba aquí con ella. Algo sonó a través de la estática. Cerca.

-Bienvenida a casa –siseó.

Tonya disparó contra la oscuridad. Giró sobre sí misma. Nada. Cargó otro cartucho y disparó de todos modos. El ruido de los disparos reventó los altavoces de su casco.

Cogió la caja fuerte y salió corriendo.

Corrió a través de los resbaladizos túneles inclinados sumidos en la negrura. Ahora en absoluto silencio. Pasó de largo la intersección donde el hadesiano seguía alzando sus brazos aterrorizado. De tanto en tanto miraba hacia atrás. Podría jugar que había algo ahí, justo fuera del alcance de los infrarrojos, vigilando desde la estática.

Tonya subió a la carrera una pendiente para ver la sombría luz nublada de la salida, ahora apenas del tamaño de un agujero de alfiler. Le ardían las piernas. El brazo la estaba matando. Todo lo quería era irse a dormir, pero no iba a detenerse. Si lo hacía, sabía que jamás abandonaría este lugar.

Subió por la cuerda y atravesó el bosque muerto de regreso a la Beacon. Treinta segundos después, los propulsores estaban abrasando el suelo. Un minuto más tarde, estaba abandonando la atmósfera.

Mientras Hades II iba quedando atrás, intentó calmar sus nervios. Fue colgando lentamente su traje de protección ambiental en la percha de la cámara de descontaminación. Entonces se dio cuenta de una cosa.

Las funciones respiratorias en la espalda estaban dañadas. El golpe contra la pared del cráter debía de ser el causante. Había aplastado las tomas de alimentación y ella había estado recibiendo demasiado oxígeno. Los dolores de cabeza, las nauseas, la fatiga… incluso esa voz. Pensar en ella bastaba para dejarla helada. Todo había sido probablemente alucinaciones y reacciones al envenenamiento por oxígeno.

Probablemente.

Tonya trazó un curso de regreso al Nodo de Baker. Tenía material que vender, cierto, pero en estos momentos lo que realmente quería era tener gente alrededor.

Quería estar cerca del ruido.

En la cámara de descontaminación, la diminuta talla hadesiana reposaba en el suelo.


FIN

Traducción: Vendaval